En la presente crónica, se trata de explicar sobre los
sucesos de reproducción o re significación, en un relato contado desde mi propia
experiencia y perspectiva:
“El aprendizaje como reproducción”
Un alumno de la Escuela Primaria Benito Juárez, de la comunidad del Paraje, del Municipio de La Misión Hidalgo, presentaba grades dificultades para aprender a leer y comprender lo que escuchaba de lecturas, ¿Cuál sería el origen de su dificultad? ¿Qué factores influyen para que no logre su objetivo? ¿Cuáles podrán ser las estrategias que se deben implementar para que consiga su objetivo?
El conocimiento y el
leguaje, como capacidades necesarias para todos, relacionadas entre sí, tienen
como punto de partida, el bello arte de dialogar, argumentar y discutir, entre
cierto grupo de personas, usando como principal sistema el dialecto. Por ello
Jesús García en su estancia de tercer grado en la escuela, era un niño muy
apartado de los demás, casi no tenía confianza en sí mismo para expresarse.
Algunos de estos miedos derivaban de que, su maestra de nombre Imelda, siempre
daba sus clases de forma rutinaria y aprensiva, ya que no les permitía expresar
sus ideas sobre un tema, y mucho menos, contar algún relato que les hubiera
sucedido.
En cierta ocasión,
la maestra pregunto a Jesús:
-
¿Qué fue lo que
comprendiste del cuento de la liebre y la tortuga? Frunciendo el ceño, como
siempre.
Jesús al hacerle
esta pregunta se quedó perplejo:
- ¿Maestra me puede repetir l pregunta
por favor?
En ese momento, la maestra enfureció y le gritó: ¡No estás poniendo atención! Lee nuevamente el fragmento en voz alta, estas palabras causaron en Jesús aun un mayor temor, no supo que hacer más que tartamudear ante todo el grupo, que solo rio de él por no desenvolver su lectura.
Por su parte la maestra Imelda siempre daba la indicación a los niños, de traspasar párrafos del texto o cuento que leyeran a su cuaderno. Escogía lecturas que eran difíciles de comprender para la etapa en la que se encontraban los alumnos, no contenían dibujos, ni nada que llamara su atención. Al momento de evaluar la comprensión lectora del grupo, utilizaba un cronometro para medir el tiempo, por su parte los alumnos leían como desesperados, y avanzaban con muchas palabras.
En si se preocupaban, más por leer rápido, que por comprender lo que estaban leyendo, al final de cada lectura la maestra hacia preguntas, más nadie contestaba por que no habían comprendido nada de lo que se había planteado. La clase era un ambiente de restricción, y seguir las reglas al pie de la letra, tal y como la maestra las imponía. Los alumnos se encontraban tristes, con estrés, y en cierto modo, humillados por la docente y por los mismos compañeros. ¿Sería correcto lo que realizaba la maestra? ¿Qué estamos haciendo como padres de familia y docentes para el aprendizaje significativo en los estudiantes?
“Tengo conciencia de
que el mundo consiste en realidades múltiples; cuando paso de una realidad a
otra, experimento por esa transición una especie de impacto, causado por el
desplazamiento que implica dicha transición”, la realidad es que nos
encontramos con varias situaciones como la de Jesús, en ocasiones siendo el
estudiante, y en otras siendo el docente guiador del conocimiento, por lo tanto
debemos estar accesibles a un cambio y preparados para recibirlo
Como tal es necesario, poner en una balanza los elementos que son vitales para aprender y la motivación en los alumnos, desde mi punto de vista, los aprendizajes siempre empiezan con el interés que se tenga por el tema, y claro está que la comunicación y el dialogo, son los principales precursores para un buen desarrollo de capacidades.
Posteriormente, fomentar la libre expresión de narraciones propias, y continuando con historias que tengan parecido a la vida real. Por su parte Jesús debe motivarse y ser motivado por maestros, padres de familia, y saber que él es capaz de aprender y adquirir la habilidad lectora, siendo constante, con estrategias útiles y con significación.
“Continúa a pesar de
que todos esperen que abandones. No dejes que se oxide el hierro que hay en ti”.
Teresa de Calcuta.
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